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sábado, 27 de marzo de 2021

Las Columnas de Heracles en las fuentes griegas

Una tendencia actual entre ciertos investigadores de la Atlántida es la defensa de localizaciones muy diversas para el lugar llamado "las Columnas de Hércules", tradicionalmente identificadas con el Estrecho de Gibraltar como confín occidental del mundo conocido por los antiguos griegos.  Dado que una de las dos referencias geográficas precisas que da Platón para la isla Atlántida es que estaba ante las Columnas de Heracles (cf. Timeo 24e) o más allá de las Columnas (cf. Critias 108e) —la otra es que se encontraba en el piélago Atlántico; cf. Timeo 24e—, el emplazamiento de la isla depende directamente de la situación de las Columnas, de modo que toda hipótesis sobre una Atlántida que no se encuentre en el área del Golfo de Cádiz exige necesariamente una justificación de que la expresión "Columnas de Hércules" puede designar un lugar distinto al Estrecho de Gibraltar.

Los autores que niegan esta identificación entre las Columnas de Heracles y el Estrecho de Gibraltar suelen afirmar que, en realidad, el topónimo "las Columnas de Heracles" no era unívoco en la Antigüedad; bien porque había muchos lugares llamados así, bien porque el lugar así denominado se fue desplazando por el Mediterráneo hacia Occidente a medida que los griegos exploraban territorios más alejados de su patria hacia el oeste, de modo que Gibraltar fue, en realidad, el último lugar conocido como "las Columnas de Heracles", estando las "Columnas" originales en áreas del Mediterráneo Central (cf. O'Connell, 2018) o incluso en el Mar Egeo (cf. Zamarro, 2011).

En realidad esta tendencia no es nueva: ya Estrabón en su Geografía (III,5,5) al hablar sobre la leyenda de la fundación de Cádiz por los tirios nos informa sobre cierta confusión acerca del lugar exacto llamado las Columnas, que oscila entre el Estrecho de Gibraltar, la Ría de Huelva y la propia Cádiz; en todo caso, localidades todas en el área del Estrecho y del Golfo de Cádiz.  En otra ocasión profundizaremos en este importante texto de Estrabón, que nos informa sobre la existencia de columnas erigidas y consagradas a Heracles en muchos lugares del mundo, que, una vez desaparecidas, pudieron ser causa de que, en tiempos tardíos, podrían haber dado el nombre de "las Columnas de Heracles" al lugar donde se encontraban.

En esta ocasión lo que haremos será rastrear las fuentes griegas hasta Platón para detectar todas las apariciones de la expresión "las columnas de Heracles" y su versión abreviada "las Columnas" (como topónimo), y así evaluar la presunta ambigüedad de la misma y, a ser posible, establecer el significado preciso de la referencia geográfica proporcionada por el filósofo ateniense.

 

Homero (s. VIII a. C.)

    En la Ilíada y en la Odisea no aparece la expresión.

    Himno XV: "A Heracles que, errante primero por la inmensa tierra y por mar".  Aunque no menciona la expresión que nos ocupa, sí nos da una primera idea de la magnitud de los viajes de Heracles.

 

Hesíodo (ss. VIII-VII a. C.).  No aparece la expresión.

 

Líricos griegos arcaicos (700-300 a. C.: fragmentos anónimos, atribuidos a los Siete Sabios de Grecia, obras y fragmentos de Alcmán, Estesícoro, Íbico, Simónides, Alceo, Safo, Anacreonte y otros poetas menores; cf. Rodríguez Adrados, 1980).  Se cita un fragmento atribuido a Estesícoro (Poetae Melici Graeci 336 de la edición de Page, 1967) sobre las Columnas de Heracles que no he podido consultar (Rodríguez Adrados, 1980, p. 230).


Esopo (ss. VII-VI a. C.).  No aparece la expresión.


Píndaro (m. 538 a. C.).  (Píndaro, 1984).

    Olímpica III,44: "Pero si lo mejor es el agua, y entre los tesoros el oro lo más apreciado, así Terón ahora, avanzando por sus hazañas hasta el último límite, alcanza desde su casa hasta las columnas de Heracles".  Aunque el texto no precisa el lugar, sí establece que las Columnas marcan "el último límite" del muno conocido por los griegos.

    Nemea III,20-21: "No es cosa fácil avanzar adelante por la mar intransitable allende las columnas de Heracles".  Era creencia común entre los griegos que el mar más allá de las Columnas estaba plagado de monstruos y de peligros.

    Ístmica IV,30: "Por su valor alcanzan desde su propia casa a las columnas últimas de Heracles, de suerte que no les cabe ya aspirar a gloria más extensa".  Nuevamente las Columnas como confín del mundo.

    Fragmento 256: "Hasta las Puertas de Gadira extremas llegó Heracles" (cf. p. 379).



Heródoto (484-425 a. C.).  (Heródoto, 1979)

    IV, 8, 2: "Geriones, empero, residía lejos del Ponto: tenía su morada en una isla que los griegos denominan Eritía, que se encuentra cerca de Gadira, ciudad ésta situada más allá de las Columnas de Heracles, a orillas del Océano. (Por cierto que, en teoría, pretenden que el Océano tiene su principio en el Levante y que sus aguas rodean toda la tierra, pero de hecho no pueden demostrarlo.)".  El Océano al que se refiere Heródoto es la corriente de agua que rodeaba la tierra según la antigua creencia griega, que no podían demostrar, por las que el mar Eritreo (Océano Índico) estaban comunicados con el Océano Atlántico por el sur de Libia (África).

    IV, 42, 2-4: "El rey de Egipto Neco fue el primero que lo demostró, ya que, tras interrumpir la excavación del canal que, desde el Nilo, se dirigía al golfo arábigo, envió en unos navíos a ciertos fenicios, con la orden de que, a su regreso, atravesaran las Columnas de Heracles hasta alcanzar el mar del norte y llegar de esta manera a Egipto.  Los fenicios, pues, partieron del mar Eritreo y navegaron por el mar del sur.  Y cuando llegaba el final del otoño, atracaban en el lugar de Libia en que, en el curso de su travesía, a la sazón se encontraran, sembraban la tierra y aguardaban hasta la siega.  Y, una vez recogida la cosecha, reemprendían la navegación, de manera que, cuando habían transcurrido dos años, en el tercer año de travesía doblaron las Columnas de Heracles y arribaron a Egipto".  Relato de la circunnavegación de África (en sentido horario) en tiempos del faraón Necao II (610-595 a. C.).

    IV, 43, 3-4: "Sataspes se llegó a Egipto, fletó una nave con marineros de esa nacionalidad y se hizo a la mar con rumbo a las Columnas de Heracles.  Tras haberlas franqueado y haber doblado el cabo de Libia cuyo nombre es Solunte, puso proa hacia el sur.".  La navegación ahora es desde Egipto hacia Occidente.  Sólo después de doblar las Columnas y el Cabo Solunte se puede tomar rumbo sur: podemos deducir que Solunte es el Cabo Espartel en el actual Marruecos, y que las Columnas de Heracles son un anterior accidente geográfico destacado que merece ser mencionado como referencia geográfica.  Cerca del Cabo Espartel, por cierto, se encuentra la Cueva de Hércules.

 

    IV, 152, 2-3: "Acto seguido, los samios [con su patrón Coleo] partieron de la isla y se hicieron a la mar ansiosos por llegar a Egipto, pero se vieron desviados de su ruta por causa del viento de levante.  Y como el aire no amainó, atravesaron las Columnas de Heracles y, bajo el amparo divino, llegaron a Tarteso.  Por aquel entonces ese emporio comercial estaba sin explotar".  Referencia importantísima que vincula las Columnas como referencia geográfica probablemente última antes de llegar al territorio tarteso, que tenía su área nuclear en el valle bajo del Guadalquivir (cf. Campos Carrasco y Alvar Ezquerra, 2013, p. 652).

    IV, 185, 3-186, 1: "En las cercanías de esa masa de sal hay una montaña cuyo nombre es Atlas.  Es estrecha y totalmente circular; y tan sumamente elevada que, según dicen, sus cumbres no pueden divisarse, pues nunca, ni en verano ni en invierno, las abandonan las nubes.  Los lugareños afirman que esa montaña es la columna del cielo.  Dicha montaña ha dado su nombre a tales individuos; pues, efectivamente, se llaman atlantes.  Y por cierto que, según cuentan, no se alimentan de ningún ser vivo, ni tienen visiones en sueños.  Hasta los citados atlantes, en suma, puedo enumerar los nombres de los pueblos que están establecidos en la faja arenosa; pero, más allá de los atlantes, me resulta imposible.  Y eso que la faja arenosa se extiende hasta las Columnas de Heracles e incluso más allá de las mismas.  Y en dicha zona, a intervalos de diez días de camino, hay un yacimiento de sal y gentes que lo habitan.  Por cierto que, como en esas regiones de Libia ya no llueve, las casas de todas esas gentes están construidas con bloques de sal, dado que, si lloviera, las paredes, al ser de sal, no podrían tenerse en pie.  La sal que en esa zona se extrae del subsuelo es de un color blanco o bien rojizo.  Más allá de la faja arenosa en cuestión, hacia el sur y en dirección al interior de Libia, el terreno es desértico y carece de agua, de animales, de lluvia y de árboles; y en toda su extensión no hay el menor rastro de humedad.  Así pues, desde Egipto hasta el lago Tritónide, los libios son nómadas que comen carne y beben leche".  Sitúa las Columnas en el extremo occidental de la Cordillera del Atlas.  He prolongado la cita más allá de la referencia a las Columnas porque contiene dos datos interesantes desde el punto de vista atlantológico: la referencia a los colores rojizo y blanco de la sal, que nos recuerda a las rocas blancas, rojas y negras de Critias 116a-b, y la mención del lago Tritónide, que nos remite a una moderna propuesta de la Atlántida en la región occidenteal de Marruecos (cf. Papamarinopoulos, 2010, pp. 385 ss.).

    IV, 196, 1: "Los cartagineses cuentan también la siguiente historia: en Libia, allende las Columnas de Heracles, hay cierto lugar que se encuentra habitado".

 

Tucídides (s. V a. C.).  No aparece la expresión.

 

Tragediógrafos (Esquilo, ss. VI-V a. C.; Sófocles, 496-406 a. C.; Eurípides, c. 484 ó 480-406 a. C.)

   Esquilo y Sófocles: no aparece la expresión.

   Eurípides: Hipólito vv. 3-4: "De cuantos habitan entre el Ponto y los confines del Atlas" (Eurípides, 1991). Expresión indirecta para mencionar los límites del mundo conocido: el Ponto Euxino (el Mar Negro) y el Atlas (la cordillera marroquí).


Aristófanes (444-385 a. C.). No aparece la expresión.

 

Isócrates (436-338 a. C.). (Isócrates, 1980).

    A Filipo (V), 112: "Tras esto, mató a todos los reyes de los pueblos que habitan una y otra ribea del continente.  Y no los habría podido tomar si no se hubiera impuesto sobre su poder.  Cuando realizó estas hazañas, levantó las columnas llamadas de Heracles, trofeo sobre los bárbaros, recuerdo de su virtud y de los peligros corridos, y límites del territorio griego.".  Una vez más, las Columnas como límite del mundo conocido para los griegos.

    Panatenaico (XII), 250 : "Ahora, sin embargo, creo que la mayoría de los espartiatas se mantienen en las mismas costumbres de antes y que no prestarán mayor atención a las palabras aquí escritas que a lo que se dice fuera de las columnas de Heracles." (En nota: Mediante esta ironía (las columnas de Heracles para un griego representan el fin del mundo) se critica duramente la indiferencia espartana hacia la cultura).  Nuevamente las Columnas como el límite del mundo conocido y, aun más, del mundo bárbaro.


Platón (c. 427-347 a. C.) 

    Fedón (109a-b): "Luego, además, de que es algo inmenso —dijo—, y de que nosotros, los que estamos entre las columnas de Heracles y el Fasis, habitamos en una pequeña porción, viviendo en torno al mar como hormigas o ranas en torno a una charca, y en otras partes otros muchos habitan en muchas regiones semejantes." (Platón, 1986).  Aquí Platón ofrece como confines del mundo conocido, en torno al Mediterráneo —considerado como una charca—, el río Fasis a oriente (el actual río Rioni en Georgia) y las Columnas de Heracles en occidente.

    Timeo (24e): "En aquella época, se podía atravesar aquel océano dado que había una isla delante de la desembocadura que vosotros, así decís, llamáis columnas de Heracles." (Platón, 1992).  Primera referencia geográfica atlantológica: la isla delante de las Columnas.

    Critias (108e): "Ante todo recordemos que el total de años transcurridos desde que se dice que estalló la guerra entre los que habitaban más allá de las columnas de Heracles y todos los que poblaban las zonas interiores, es de nueve mil; ahora debemos narrarla en detalle" (Platón, 1992).  Segunda referencia geográfica atlántológica: la isla más allá de las Columnas.

    Critias (114b): "Al gemelo que nació después de él, al que tocó en suerte la parte extrema de la isla, desde las columnas de Heracles hasta la zona denominada ahora en aquel lugar Gadirica, le dio en griego el nombre de Eumelo, pero en la lengua de la región, Gadiro.  Su nombre fue probablemente el origen del de esa región" (Platón, 1992). Tercer texto geográfico atlantológico, que conecta las Columnas con el lugar de Gadiro.

(Nota: en esta publicación iremos añadiendo cuantas referencias a las Columnas de Heracles vayan llegando a nuestro conocimiento a partir de hoy; si algún lector puede proporcionar alguna a través de los comentarios, se agradecerá).

Leída toda esta colección de menciones de las Columnas de Heracles en las fuentes griegas anteriores a Platón, parece más que razonable rechazar la hipótesis de que la expresión "Columnas de Heracles" aludía en tiempos antiguos (anteriores a Platón) a lugares distintos del Estrecho de Gibraltar.  Esperamos que, vistas estas fuentes, en adelante no se dude de que para los atenienses del tiempo de Platón la expresión "las Columnas de Heracles" o, simplemente, "las Columnas", aludía al último confín occidental del Mediterráneo, es decir, lo que hoy conocemos como Estrecho de Gibraltar.

Referencias: https://perijoresis.blogspot.com/p/bibliografia.html

miércoles, 20 de enero de 2021

Delante de las Columnas de Heracles: aspectos geométricos

νῆσον γὰρ πρὸ τοῦ στόματος εἶχεν ὃ καλεῖτε, ὥς φατε, ὑμεῖς Ἡρακλέους στήλας (Platón, Timeo 24e)

Es la localización (tomada de Plato, 1903) que da Platón en su diálogo Timeo para la misteriosa isla Atlántida. Muchas han sido las localizaciones que diversos autores han propuesto para la isla, hasta ahora no encontrada: distintos lugares del Mediterráneo, el Mar del Norte, diversos puntos de las costas atlánticas andaluzas y marroquíes, varias islas atlánticas (Canarias, Madeira, Azores, islas del Caribe...) o remotos lugares del continente americano.

Es evidente que no cualquier yacimiento arqueológico submarino de la Antigüedad puede identificarse con la Atlántida de Platón por el mero hecho de que se encuentre sumergido en la actualidad. Una condición necesaria, aunque no suficiente, para admitir tal identificación es que el candidato cumpla la restricción que establece la preposición πρὸ que emplea Platón. Revisemos algunas traducciones:

  • "Habia, en efecto, una isla, situada frente al estrecho, que en vuestra lengua llamais las columnas de Hércules" (traducción de P. Azcárate en Platón, 1872, pp. 159-160).
  • "dado que había una isla delante de la desembocadura que vosotros, así decís, llamáis columnas de Heracles" (traducción de M. A. Durán y F. Lisi en Platón, 1992, p. 167).
  • "pues tenía una isla delante de la desembocadura que vosotros llamáis, según decís, columnas de Heracles" (traducción de J. M. Pérez Martel en Platón, 2016, p. 69).

Aceptada la tesis que afirma que las Columnas de Heracles (o de Hércules) son el Estrecho de Gibraltar —otro día hablaremos de este asunto—, la preposición πρὸ establece que la isla Atlántida estaba frente al Estrecho de Gibraltar o delante de él; y, además, en la zona atlántica y no en la zona mediterránea, pues poco antes Platón ha escrito que la civilización atlante invadió extensas regiones de Europa y Asia ἔξωθεν ὁρμηθεῖσαν ἐκ τοῦ Ἀτλαντικοῦ πελάγους (Timeo 25e), es decir, desde fuera (ἔξωθεν) (se entiende desde fuera del Mediterráneo, por el contexto griego donde tiene lugar el diálogo platónico), desde (ἐκ) el Mar Atlántico.

La combinación del sentido de delante de o frente a de la preposición πρὸ y del adverbio fuera (fuera de las Columnas) da como resultado la traducción, que a veces se ha visto, más allá de las Columnas de Hércules, influenciada probablemente también por la famosa expresión non plus ultra asociada a las costas atlánticas españolas hasta el descubrimiento de América por Cristóbal Colón.

Pero la traducción más allá de las columnas es una traducción intepretada del texto platónico, una pequeña pero importante exégesis que, además de no tener justificación filológica, amplía la localización de la Atlántida desde las inmediaciones del Estrecho de Gibraltar hasta cualquier lugar que se quiera en dirección al oeste: desde Tarifa o Tánger —por decir dos puntos próximos— hasta Hawai o el Mar de Bering —por decir algunos puntos occidentales remotos—; pues tanto Tánger como Hawai están más allá del Estrecho de Gibraltar si nos situamos en el Mediterráneo, de modo que decir más allá de las Columnas de Heracles nos parece tan impreciso como no decir nada o decir en algún lugar de mundo hacia Occidente —y, puesto que la Tierra es redonda, cosa que ya sabían los griegos, el Occidente puede ponerse tan al oeste como queramos, incluso en Atenas—.

George Díaz-Montexano, que es uno de los pocos investigadores de la Atlántida de Platón —no de otras Atlántidas— que puede acceder con rigor y conocimiento a las fuentes textuales antiguas en sus lenguas originales, ha puesto puertas razonables a este campo inmenso:

Los defensores de la Atlántida en el Caribe o en otros lugares de América, siempre usan traducciones inglesas donde la preposición griega πρo (pro) es traducida erróneamente como "opposite" (opuesta) o "beyond" (más allá). Esta traducción bastante imprecisa (por no decir errónea), ha favorecido la extendida opinión de que la Atlántida entonces podría haber estado en cualquier lugar del Atlántico, por muy lejos que estuviera éste de las mismas Columnas de Hércules, o Gibraltar, ya que, a fin de cuentas, se puede entender que cualquier isla en el Caribe (y hasta en el otro lado de América, en el Pacífico) está "opuesta" al estrecho de Gibraltar, o "más allá de" este, pero la realidad es que Platón usa la preposición griega πρo, cuyo significado siempre ha sido lo que está ante, delante, o enfrente de algo, pero siempre de manera muy próxima, a la vista, nunca usada para ubicar algo tan distante, fuera de todo alcance de la vista humana como sin duda alguna lo está cualquier isla situada más lejos que Cádiz o Madeira, considerando a esta última como el punto más remoto posible que podría ser admitido desde el punto de vista de la lexicografía griega clásica. (G. Díaz-Montexano, 2012, p. 93).

Creo que en esta cita hay ciertos detalles que requieren algún comentario. En primer lugar Díaz-Montexano intepreta la palabra griega πρo (que escribe sin acento gráfico en la letra o) como preposición, y no como adverbio. En realidad esto no es demasiado importante, ya que, aunque en el texto platónico el término se encuentra ante un sustantivo con su artículo (πρὸ τοῦ στόματος) y lleva acento grave en la edición de Burnet que manejamos aquí desde el principio, el verbo εἶχεν se encuentra a continuación al final de la oración, como es usual en la lengua griega: en ambos casos, tanto si consideramos πρὸ, con acento grave, como preposición, como si consideramos πρó, con acento agudo, como adverbio, el significado es idéntico.  En todo caso, por posición y por otrografía hay que interpretarla como preposición.

En segundo lugar notamos que Díaz-Montexano no cita esas traducciones inglesas que menciona.  Sin embargo, no creo que sea difícil encontrar algunas, aunque no es ese el propósito de este trabajo.  Sí que se extiende unas páginas más adelante al aportar distintos usos de la preposición griega en varias fuentes clásicas.

En tercer lugar —y éste sí es el propósito— el autor sugiere como límite del campo visual que relaciona con la preposición πρὸ la isla de Madeira, que se encuentra a unos 500 Km. del Estrecho de Gibraltar; límite que parece demasiado generoso.  Lo que vamos a hacer a continuación es estimar con un planteamiento geométrico cuál es la distancia a la que una cierta elevación queda fuera del alcance de la vista en la superficie terrestre a causa de la curvatura del planeta, lo que nos permitirá dibujar en torno al Estrecho de Gibraltar un área de probabilidad para la localización de la Atlántida platónica.

Antes de resolver este problema haremos dos simplificaciones. La primera: consideraremos la Tierra como una esfera perfecta de radio R=6371 Km.  Se trata de una simplificación habitual, dado que la diferencia entre el radio ecuatorial y el radio polar de nuestro planeta es de unos 20-21 Km.  También dejaremos fuera del planteamiento toda circunstancia de naturaleza no geométrica, como la variación de la visibilidad en la atmósfera terrestre por fenómenos meteorológicos (nubes, niebla...) o la presencia de obstáculos debidos al relieve.

Como la luz a estas escalas se propaga en línea recta, podemos trasladar el problema desde la esfera a una circunferencia en el plano: es la segunda simplificación.  Así, comenzamos a plantear el problema y a introducir notación.

En un sistema de coordenadas cartesianas en el plano consideremos una circunferencia de centro O=(0,0) y de radio R.  Sea P un punto cualquiera de la circunferencia en el interior del primer cuadrante.  Sea θ el ángulo, medido en radianes y en sentido positivo, que forma la recta r que pasa por O y por P con el eje vertical.  Sea P' el punto de intersección de r con la recta horizontal y=R.  Sea h la distancia entre los puntos P y P' y sea L la longitud del arco que une los puntos (0,R) y P. Queremos calcular L en función de h.

La explicación geográfica de este formalismo geométrico es la siguiente: un observador perderá de vista la cumbre de la elevación de altura h situada sobre el punto P si se aleja más allá del punto de coordenadas (0,R), el polo norte de la circunferencia (o círculo máximo) que une su posición con la base P de la elevación y que se encuentra a una longitud L sobre la superficie terrestre: en el gráfico se representan un observador y una montaña.

Resolvamos ahora el problema.  Mediante cálculos trigonométricos elementales obtenemos que las coordenadas del punto P' son (R cotg α, R), donde α = π/2 - θ.  Como el triángulo de vértices (R cotg α, 0), P' y O es rectángulo en (R cotg α, 0), por la aplicación del Teorema de Pitágoras obtenemos la igualdad

(R+h)² = (R cotg α)² + R²

y operando llegamos a

α = arcsen [R/(R+h)]

de donde

θ = π/2 - arcsen [R/(R+h)].

Por último, puesto que la longitud de arco L del sector circular determinado por el ángulo θ (medido en radianes) en la circunferencia de radio r es L = Rθ, resulta que

L = R[π/2 - arcsen [R/(R+h)]],

que es la expresión que buscábamos.

Apliquemos esta expresión obtenida para calcular la distancia máxima desde la que se pueden divisar alturas h correspondientes a las cumbres de la isla Atlántida desde el mar, que aproxima la forma esférica de la Tierra.   Como la isla de Madeira, la más lejana que admite Díaz-Montexano, alcanza una altura de 1861 msnm. (metros sobre el nivel del mar), ya tenemos una primera cota para la altura.  Para obtener algunos otros valores útiles de h, acudamos al relato de Platón donde describe la topografía de la Atlántida:

El centro de la isla estaba ocupado por una llanura en dirección al mar, de la que se dice que era la más bella de todas, y de buena calidad, y en cuyo centro, a su vez, había una montaña baja por todas partes, que distaba a unos cincuenta estadios del mar. (Critias 113c; traducción de Pérez Martel en Platón, 2016, p. 285).

Aunque la expresión montaña baja por todas partes (ὄρος βραχὺ πάντῃ) no es especialmente precisa, nos resulta, sin embargo suficiente para situarnos en un rango de altitud de orden hectométrico más que kilométrico.  Notemos, finalmente, que las altitudes en msnm. de algunas localidades próximas al estrecho no llegan a los 100 m.

Así, pues, podemos construir la siguiente tabla:

Con estas cifras ya podemos concluir que la isla de Madeira no se puede identificar con la Atlántida platónica no sólo por su elevada altitud sino por encontrarse a unos 500 Km. de las Columnas de Heracles, una distancia mucho mayor que los 154 Km. tras los que queda oculta a la vista por la redondez de la Tierra.

Si nos situamos en un rango de altitudes entre 0 y 10 msnm. para la isla, podemos dibujar el siguiente mapa en el que se colorea de verde el área centrada en el Estrecho de Gibraltar desde donde se tendría a la vista una elevación de hasta 100 msnm., y en amarillo el área desde la que se divisarían las cumbres de una elevación de hasta 1000 msnm:


La localización de la Atlántida, pues, tal y como la describe Platón, sería muy probable en la zona marcada en verde y probable también en la zona marcada en amarillo, excluyéndose en ambos casos las áreas mediterráneas.  Fuera del círculo amarillo no es de esperar ningún elemento que pudiese situarse delante (πρὸ) de las Columnas de Heracles.  Es lo que puede aportar la geometría a la acotación de las distancias vinculadas a la preposición πρὸ según la apreciación de Díaz-Montexano.
 
Referencias:
  • Díaz-Montexano, G. (2012), Atlantis<>Tartessos. Aegyptius Codex. Clavis. Epítome de la Atlántida Histórico-Científica. Turpin Ediciones.
  • Plato (1903), Platonis Opera, ed. John Burnet. Oxford University Press, disponible en la página web del Proyecto Perseus.
  • Platón (1872), Obras completas de Platón (tomo VI). Diálogos. El político. Timeo. Critias. Madrid: Medina y Navarro, Editores.
  • Platón (1992), Diálogos VI. Filebo, Timeo, Critias. Madrid: Gredos.
  • Platón (2016), Ión, Timeo, Critias. Madrid: Alianza.