martes, 14 de junio de 2022
miércoles, 30 de junio de 2021
Hueles a tierra en promisión de trigo (soneto)
martes, 29 de junio de 2021
Si supieras, amor, que enamorado (soneto)
miércoles, 23 de junio de 2021
Eres hermosamente un gran vacío (soneto)
que llené con mi espíritu gigante;
de la nada engendré, creador y amante,
otro yo a mi pesar al gusto mío.
Y no tienes maldad. Es tu albedrío
lógica de mi pecho delirante;
breve la eternidad, nulo el instante
que apaciguan al fin mi afán baldío.
No tiene del amor fondo el abismo.
Soy el que más lo ceba en sus desvelos
su deseo minando más profundo.
Y al remate, mi bien, yo soy lo mismo
un proscrito en el Reino de los Cielos
que el postrero al costado de tu mundo.
martes, 22 de junio de 2021
En el tiempo candente de la siega (soneto)
En el tiempo candente de la siega
entre mis dedos vi negras espigas:
eran turbio ciclón de hondas hormigas;
era un ebrio trigal de angustia ciega.
Del secano el confín y de la vega,
éramos sementeras enemigas:
a tu fluir, mis sudores, mis fatigas;
a mi afán, tu ansia de feliz omega.
Flor sin fruto, caricia de mi mano
y labios de inmortal hoja caduca
como furtiva abeja libadora.
Hoz de carne, crepúsculo y verano
de digital cadencia por la nuca
y presagios de muerte segadora.
(Darro, 18 de junio de 2021)
jueves, 11 de febrero de 2021
Por la llanura de tu piel morena (soneto)
Por la llanura de tu piel morena
mi mente laberíntica se pierde,
intonsa imbricación del vello verde
y bosque de coral de fruto en vena.
Por vasta soledad de aguda pena
tormentosa tu voz graniza y muerde
mi sueño alado por que yo recuerde
en un lecho de cactus y de arena.
¡Adiós, mi deseada geografía,
que vuelves cada noche a ilusionarme
con promesas de bálsamo fingido!
¡Y, salve, cotidiana luz del día,
que tan aristotélica infectarme
gustas mi corazón rosas herido!
(Darro, 19 de abril de 2017)
lunes, 1 de febrero de 2021
Madrigal
Árbol, a cuya umbría
mi pesar se derrama,
¡devuélveme el misterio de tu trama!
Ante el invierno crudo
exhibes tu desnudo
escondiendo pequeñas primaveras
que darás al verano
con deliciosa mano
mientras funden las hojas de tus ceras.
¡Yo también! Hoja a hoja
—pero sin flor que acoja
mi maldición de fruto desterrado—
inexplicables broto enredaderas.
Árbol, a cuya umbría
mi pesar se derrama,
¡devuélveme el misterio de tu trama!
(Roquetas de Mar, 25 de mayo de 2017)
lunes, 25 de enero de 2021
Soledad de Adán (égloga)
A Antonio Alcaide
Adán, orgulloso de haber conocido
a Eva bajo el manzano,
enseña la tentación dormida entre sus piernas
a los curiosos ángeles sin sexo
que custodian su inocencia.
(Antonio Alcaide, Los días del diluvio)
Al pie del alto olivo
tendido Adán dirige entre las hojas
su mirada, su voz, su pensamiento,
apenadas y altivo,
al cielo, que portando sus congojas
ascienden por la escala azul del viento.
Eterno es el momento
e infinito el lugar de su reposo,
pentagrama callado
e instrumento soñado,
en el jardín florido y tenebroso
donde el latir del pecho
única es vibración de alma y lecho.
Riegan el paraíso
frescos —cuando no lágrimas— torrentes
que fluyen de la nieve a la pradera,
imperio del narciso
que flores sueña y busca diferentes
con ansias de imposible primavera.
Crían por la ribera
verdura el suelo y frutos los frutales;
del escarpado risco
a la paz del aprisco,
leche la cabra da, queso a raudales,
y la abeja fecunda
tanta dará más miel que él pena efunda.
En superior revuelo,
despreocupadamente libadores,
acicalan con óleo su plumaje,
sin sexo y sin anhelo,
pura inocencia en juegos voladores,
de celestiales hilos nudo encaje,
diverso su linaje,
con súbito estupor, susto inaudito,
ángeles por la fronda
cuando divisan monda
la que su propio —amor sin apetito—
cuerpo no les inflama,
de aquél que bajo olivas yace, llama.
Íntimas las hormigas
por el circuito ocluso de sus venas
de la oculta raíz al tronco avanzan
y, táctiles aurigas,
venciendo soledades y cadenas
galopan, corren, brincan, fluyen, danzan
mientras pesados lanzan
la montaña doliente el eco alado
y el bosque su lamento,
a su voz instrumento,
del vientre sur al norte iluminado
por frágiles estrellas,
constelación de estériles querellas:
«¡Oh, puros querubines,
ya que mi bajo llanto al alto cielo
no mueve, o mi cantar, extraviado
silenciosos confines,
inmanente mi herida y mi desvelo
en desierto jardín, yermo poblado
dispersa sin cuidado
entre felices múltiples criaturas
e incontables bondades,
mirad mis soledades
y elevadlas a quien mis desventuras,
divina entraña humana,
término quiera dar, mujer, manzana!»
Canción: el bajo olivo
mínima es parte de su larga umbría
cuando ascienden los ángeles al cielo;
signo interrogativo,
la desbandada en burla y lejanía
no otra respuesta da a su desconsuelo.
Y la luna creciente
tanto apaga su voz como el poniente.
(Darro y Roquetas de Mar, 20-26 de abril de 2017)
lunes, 18 de enero de 2021
Poetas malditos (soneto)
Todos los que nacimos de la espuma
bajo el influjo lácteo de Afrodita
condenados estamos a la escrita
hoguera que en su lengua nos consuma.
Entre la luz seguimos y la bruma
su seductora voz, senda maldita
que herética conduce a donde habita
en doble esfera azul su gloria suma.
Gravitando entre impúdicos planetas,
temblando lunas sol aniquilado,
por el interminable y verde invierno,
¿quién podrá desistir de ir a sus metas?
Dolido y pentagramas constelado,
¿qué diablo podrá ya temer infierno?
(Roquetas de Mar, 10-11 de mayo de 2017)
jueves, 7 de enero de 2021
Sextina
Laberinto de calles de Granada,
mapa en el corazón, plano en la rosa,
por donde vagabundo el son, perdido
mas sin desfallecer, persigue un sueño:
mi cándida ilusión que busco y canto
por la carne enredada por tu gracia.
Enredado en el canon de tu gracia,
la piedra confundí con la granada;
tu corazón fue sílex, duro canto,
y el viento es un latir prendida rosa;
soplo mi dirección tuerce de sueño,
razón equinoccial, rumbo perdido.
Definitivamente ya perdido,
soy un solsticio de eclipsada gracia;
mi razón pende ahorcada de un mal sueño
sobre el abismo de tu voz granada.
Espina a espina acaricié la rosa
y beso a beso, el afilado canto.
Hipnagógico amante, grito y canto
mi fuerte defendiendo ya perdido,
muriendo el negro, alboreando el rosa,
de tus gracias migajas de tu gracia
suplicando, si no la más granada.
¡Febril predilección y osado sueño!
En la cárcel me ofreces de mi sueño
afán a chorros, de impaciencia un canto,
para saciar mi pena más granada;
ando a la luz de mi pasión perdido,
sediento de trocar por pura gracia
deshojado el destino de la rosa.
Ya mi deprecación, herida rosa,
eterna se aletarga en suave sueño;
mi voz congelará nevada gracia
en silencio invernal sin sol ni canto
cuando derrame vórtices perdido
inmensidad ¡yo! luna desgranada.
Llora Granada duplicada en rosa,
perdido el juicio, un malogrado sueño;
canto de luna y denegada gracia.
(Darro, 16-17 de abril de 2017)
martes, 5 de enero de 2021
Playa de Tartessos (soneto)
Donde el azul insulta a su albedrío
—onda a onda su líquida camisa—
y a capricho moldea de la brisa,
si atomizado, pétreo el poderío,
probé un salado humor y dulce estío
a la sombra sutil de tu sonrisa,
doble esfera solar de luz precisa
y una lengua de cielo ardiente y frío.
Viva galaxia vi, lumbre mojada,
orbitando tus negras espirales
tornada la razón en desaliento.
Y no fue la ilusión de tu mirada
—piedra, la tuya; míos, los cristales—
más que un súbito y vano pensamiento.
(Playa de Tartessos, 18 de agosto de 2020)
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