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viernes, 24 de diciembre de 2021

¡Oh, quién será este mozuelo! (villancico)

¡Oh, quién será este mozuelo,
que a la luz de sus primores,
parece la tierra cielo!


Si por plenilunio pasa
todo un sol recién nacido
que no ha los labios prendido
cuando los pechos abrasa,
en el mío ya se amasa
breve copia del modelo,
que, plenitud a mi anhelo,
victoria de sus rigores,
a la luz de sus primores,
parece la tierra cielo.


Alba en una alba doncella
y ocaso en tinieblas vanas;
si luna en manos humanas,
sol en brazos de una estrella.
Y meridiano descuella
como alto doncel en celo,
nieve que derrite el hielo,
lumbre que alimenta ardores,
que a la luz de sus primores,
parece la tierra cielo.


Increado está el criador
en sabrosa compostura,
que en divisa de criatura,
alimento da el mejor,
y en opaco resplandor
tras un nacarado velo,
es hartura y es consuelo
ya lo gustes, ya lo adores,
que a la luz de sus primores,
parece la tierra cielo.

(Darro, 20 de diciembre de 2021)

miércoles, 30 de junio de 2021

Hueles a tierra en promisión de trigo (soneto)

Hueles a tierra en promisión de trigo
con mi sudor regada incandescente.
Vana constelación fue la simiente,
plúrima frustración bregar contigo.

Por más que te descargo y me fatigo
eres barbecho eterno en el poniente,
un sinfín de mañanas inocente
y soy, por más labor, tu inculto amigo.

Qué misterio tendrá naturaleza.
Ni el sembrador la espiga cómo nace
ni el que siega conocen admirados.

Y qué misterio tú, dulce crudeza,
que no sé a tu desdén por qué le place
mis deseos arrancar ya germinados.
 
(Playa de Tartessos, 29 de junio de 2021 - Sevilla, 30 de junio de 2021)

martes, 29 de junio de 2021

Si supieras, amor, que enamorado (soneto)

Si supieras, amor, que enamorado
del aire que olfateo en tu semblante
mil veces te busqué, pródigo amante,
hasta el orto, hasta el sueño, hasta el pecado;

si supieras que encuentro extraviado
vana ilusión de cuerpo delirante
cada vez que te vas y en cada instante
que inocente respiras a mi lado,

no querrías sentir lo que yo siento,
pues que ciego es amor y se complace
en disipar tu rostro de mi vista;

no podrías soportar, dolor sin cuento,
la tirana pasión que hiriente nace
en mi pecho sin vis que la resista.

(Playa de Tartessos, 28 de junio de 2021)

miércoles, 23 de junio de 2021

Eres hermosamente un gran vacío (soneto)

Eres hermosamente un gran vacío
que llené con mi espíritu gigante;
de la nada engendré, creador y amante,
otro yo a mi pesar al gusto mío.

Y no tienes maldad.  Es tu albedrío
lógica de mi pecho delirante;
breve la eternidad, nulo el instante
que apaciguan al fin mi afán baldío.

No tiene del amor fondo el abismo.
Soy el que más lo ceba en sus desvelos
su deseo minando más profundo.

Y al remate, mi bien, yo soy lo mismo
un proscrito en el Reino de los Cielos
que el postrero al costado de tu mundo.
 
 (Darro, 23 de junio de 2021)

martes, 22 de junio de 2021

En el tiempo candente de la siega (soneto)

 En el tiempo candente de la siega
entre mis dedos vi negras espigas:
eran turbio ciclón de hondas hormigas;
era un ebrio trigal de angustia ciega.

Del secano el confín y de la vega,
éramos sementeras enemigas:
a tu fluir, mis sudores, mis fatigas;
a mi afán, tu ansia de feliz omega.

Flor sin fruto, caricia de mi mano
y labios de inmortal hoja caduca
como furtiva abeja libadora.

Hoz de carne, crepúsculo y verano
de digital cadencia por la nuca
y presagios de muerte segadora.

 (Darro, 18 de junio de 2021)

viernes, 19 de febrero de 2021

San Jorge y el dragón (romance)

Si es superior a la historia
la poesía, según dice
el sabio el Estagirita,
lo que Angélico recibe;
si el agua incluye supremo
algo cuando la bendicen,
pero más, pues lo consagran,
el rubio humor de las vides;
si un doble batir de alas,
que son la ratio y la fide,
tiene el espíritu humano
para alcanzar lo intangible,
calla a las paganas musas
y ven, Defensor sublime,
y hazme cantar la leyenda
del cristiano danaïde.

Noble corcel, dragón fiero,
el blanco al verde persigue
buscando, por fruto rojo,
regar la arena infelice
—no el que exprimido en un leño
lavó los sucios tapices
del alma más agostada,
del cuerpo más corruptible—.
Sedienta ciudad espera
que un Heracles decapite
al dragón que por un sorbo
sangre de doncella exige.
Era un compendio su carne
de la aurora y sus matices;
hija es de reyes, esclava,
alba luna en su declive.
Hebras de sol, su cabello
sobre dos astros sutiles
que un Josué no disuadiera
de su occidente el más triste.
Vestida no pocos mayos,
no muchos crecida abriles,
ya el estío por su vientre
su nieve custodia virgen.
Trémula escarcha en sus pétalos,
¡rosas de marzo la envidien!
Grama a la segur hambrienta,
¡rosas de otoño suspiren!
¿Cómo cadenas tan crueles
tan leves miembros impiden,
si las flores hechas ramo
con suave seda se ciñen?
¿Dónde estará otra doncella,
la madre de augusta estirpe
que a la serpiente falaz
al fin su cabeza pise?

Ésta por su pueblo fue
víctima escogida Filis
por calmar con su inocencia
a aquél que furioso aflige
—toro de bronce, su aliento;
fagelo, su cola, o tigre—
a una patria que, aún en tierra,
mundana es urbe de Dite:
escondida entre las zarzas
de estos ingratos pensiles,
aunque con patas, rastrera
hórrida sierpe subsiste.

Magna trompeta admirable,
nuncio de su brava efigie,
son esparció, grito alado
del horizonte y sus límites:
Jorge, impávido jinete,
a galope se dirige
contra la cruel ceraste
bramando su lanza en ristre.
Los cascos de su caballo
la arena de flores tiñen,
que brotan tras sus pisadas
bajo su fértil molicie.
¡Cómo desean las rocas
a este sol volverse Clicies
y los planetas, estrellas
que en su órbita azul se fijen!

Era una ola de llamas
—gotas, ardientes rubíes—
que toro reptil se yergue
ante un Hipólito firme
el dragón enarbolado,
bestia de este Apocalipsis,
que derretir quiere al fuego
a la lumbre más insigne,
que desprecia su armadura
por el traje más humilde
—de pelo de cabra no,
de blanco vellón se viste—
ante las fauces abiertas
de una muerte tan terrible
que, toda horror, toda ojo,
fue Polifemo a este Ulises:
entre estertores pulsantes
que rojo y verde dirimen,
la pica una cruz designa,
ya patíbulo, ya estípite.

¡Exulte al fin la ciudad,
de su esclavitud ya libre,
con agua para su barro
y cielo para sus timbres!
Por el azul de las platas
circundada se bautice
y llámese Trinidad
la que naciera Anfitrite,
primicia de su nación
a la que todos imiten:
al Padre, al Hijo, al Espíritu
Capadocia glorifique.

(Darro, 5-16 de junio de 2020)

jueves, 11 de febrero de 2021

Por la llanura de tu piel morena (soneto)

Por la llanura de tu piel morena
mi mente laberíntica se pierde,
intonsa imbricación del vello verde
y bosque de coral de fruto en vena.

Por vasta soledad de aguda pena
tormentosa tu voz graniza y muerde
mi sueño alado por que yo recuerde
en un lecho de cactus y de arena.

¡Adiós, mi deseada geografía,
que vuelves cada noche a ilusionarme
con promesas de bálsamo fingido!

¡Y, salve, cotidiana luz del día,
que tan aristotélica infectarme
gustas mi corazón rosas herido!

(Darro, 19 de abril de 2017)

viernes, 5 de febrero de 2021

Haiku

¿Eres poeta?
Los libros, amarillos
—hoguera, otoño—.

(Roquetas de Mar, 12 de mayo de 2017)

jueves, 4 de febrero de 2021

Veni Creator Spiritus (romance)

Ven, Espíritu Creador,
a visitar a tus siervos;
llena de superna gracia
tus creaciones en sus pechos.

El Paráclito te llaman,
regalo de Dios espléndido,
unción espiritual,
fuente de vida, amor, fuego.

Nos armen tus siete dones,
Tú, el dedo de Dios más diestro;
según nos prometió el Padre,
das a nuestra voz el verbo.

Dona luz a los sentidos,
amor al corazón nuestro
y, con tu virtud perpetua,
fortalece nuestros cuerpos.

Aleja a los enemigos
y danos la paz sin término,
que, si eres Tú nuestro guía,
lo nocivo evitaremos.

Por ti al Padre conozcamos,
también al Hijo admiremos,
y a ti, Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.

Gloria al Padre, y al Señor
que nació y de entre los muertos
resucitó, y al Paráclito
por los siglos sempiternos.

(Darro, 13 de octubre de 2020)

lunes, 1 de febrero de 2021

Madrigal

    Árbol, a cuya umbría
mi pesar se derrama,
¡devuélveme el misterio de tu trama!

    Ante el invierno crudo
exhibes tu desnudo
escondiendo pequeñas primaveras
que darás al verano
con deliciosa mano
mientras funden las hojas de tus ceras.
¡Yo también! Hoja a hoja
—pero sin flor que acoja
mi maldición de fruto desterrado—
inexplicables broto enredaderas.

    Árbol, a cuya umbría
mi pesar se derrama,
¡devuélveme el misterio de tu trama!

(Roquetas de Mar, 25 de mayo de 2017)

lunes, 25 de enero de 2021

Soledad de Adán (égloga)

 A Antonio Alcaide

Adán, orgulloso de haber conocido
a Eva bajo el manzano,
enseña la tentación dormida entre sus piernas
a los curiosos ángeles sin sexo
que custodian su inocencia.

(Antonio Alcaide, Los días del diluvio)

Al pie del alto olivo
tendido Adán dirige entre las hojas
su mirada, su voz, su pensamiento,
apenadas y altivo,
al cielo, que portando sus congojas
ascienden por la escala azul del viento.
Eterno es el momento
e infinito el lugar de su reposo,
pentagrama callado
e instrumento soñado,
en el jardín florido y tenebroso
donde el latir del pecho
única es vibración de alma y lecho.

Riegan el paraíso
frescos —cuando no lágrimas— torrentes
que fluyen de la nieve a la pradera,
imperio del narciso
que flores sueña y busca diferentes
con ansias de imposible primavera.
Crían por la ribera
verdura el suelo y frutos los frutales;
del escarpado risco
a la paz del aprisco,
leche la cabra da, queso a raudales,
y la abeja fecunda
tanta dará más miel que él pena efunda.

En superior revuelo,
despreocupadamente libadores,
acicalan con óleo su plumaje,
sin sexo y sin anhelo,
pura inocencia en juegos voladores,
de celestiales hilos nudo encaje,
diverso su linaje,
con súbito estupor, susto inaudito,
ángeles por la fronda
cuando divisan monda
la que su propio —amor sin apetito—
cuerpo no les inflama,
de aquél que bajo olivas yace, llama.

Íntimas las hormigas
por el circuito ocluso de sus venas
de la oculta raíz al tronco avanzan
y, táctiles aurigas,
venciendo soledades y cadenas
galopan, corren, brincan, fluyen, danzan
mientras pesados lanzan
la montaña doliente el eco alado
y el bosque su lamento,
a su voz instrumento,
del vientre sur al norte iluminado
por frágiles estrellas,
constelación de estériles querellas:

«¡Oh, puros querubines,
ya que mi bajo llanto al alto cielo
no mueve, o mi cantar, extraviado
silenciosos confines,
inmanente mi herida y mi desvelo
en desierto jardín, yermo poblado
dispersa sin cuidado
entre felices múltiples criaturas
e incontables bondades,
mirad mis soledades
y elevadlas a quien mis desventuras,
divina entraña humana,
término quiera dar, mujer, manzana!»

Canción: el bajo olivo
mínima es parte de su larga umbría
cuando ascienden los ángeles al cielo;
signo interrogativo,
la desbandada en burla y lejanía
no otra respuesta da a su desconsuelo.
Y la luna creciente
tanto apaga su voz como el poniente.

(Darro y Roquetas de Mar, 20-26 de abril de 2017)

domingo, 24 de enero de 2021

Vírgenes romanas (romance)

Canta, lengua, la pasión
de Inés, Cecilia, Anastasia,
tanto mártires valientes
como vírgenes sensatas.

Un prostíbulo es su celda
—no tanto como su alma—;
reja de su cuerpo blanco,
su cabellera imbricada.
Ojos lascivos se ciegan
y ella benigna los sana
por que dirijan al cuello
dura violación de espada.
¡Oh, loba, que a los cristianos
tan dulcemente amamantas!
Canta, lengua, la pasión
de Inés, Cecilia, Anastasia.

Casta esposa y madre virgen
de su marido la llaman;
senadora limosnera,
noble Antígona cristiana.
Segundo toma bautismo
entre las ardientes aguas
y tercio de sangre fría
que inunda la Vía Apia.
Piedad justa a Dios y al hombre,
te envidian Minerva y Diana.
Canta, lengua, la pasión
de Inés, Cecilia, Anastasia.

Pura patricia mendiga,
fuerte esposa maltratada,
caridad de prisioneros
la prisionera en su casa.
Entre las llamas fecundas
era flor resucitada:
le florecieron sus pechos
de rosa recién cortada.
Canta, lengua, la pasión
de estas vírgenes romanas,
azucenas de la Iglesia,
Inés, Cecilia, Anastasia.

sábado, 23 de enero de 2021

La poesía no es para todos

Quieren que, sin esfuerzo por su parte,
cante el tocón la suite del violonchelo,
ganar la gloria sin sudar el suelo
llamando alma al error, al azar, arte.

«Comerás de mi pan hasta saciarte»
—magno inocente, oráculo del cielo—.
Y devoraron grano y cornezuelo,
al que siega, al que amasa, al que reparte.

Les nacen los poemas como ortigas,
vergonzosos que son vanos laureles
a la noble labor de las espigas.

Incultos huertos, fáciles vergeles
labranza del gandul, maestro Ciruela
que no sabía leer y puso escuela.

(Darro, 20 de mayo de 2018)

lunes, 18 de enero de 2021

Poetas malditos (soneto)

Todos los que nacimos de la espuma
bajo el influjo lácteo de Afrodita
condenados estamos a la escrita
hoguera que en su lengua nos consuma.

Entre la luz seguimos y la bruma
su seductora voz, senda maldita
que herética conduce a donde habita
en doble esfera azul su gloria suma.

Gravitando entre impúdicos planetas,
temblando lunas sol aniquilado,
por el interminable y verde invierno,

¿quién podrá desistir de ir a sus metas?
Dolido y pentagramas constelado,
¿qué diablo podrá ya temer infierno?

(Roquetas de Mar, 10-11 de mayo de 2017)

sábado, 16 de enero de 2021

La toma de Granada (romance)

 

Espejo de la Reina Isabel la Católica convertido en custodia

Por Trastámara, Isabel,
reina real de Castilla
—si no por su gran virtud,
reina de la hispana Hungría—
en su espejo se miraba
y su rostro no veía:
ve una España unificada
por la forma más pacífica.
 

Granada, Jerusalén
—no la humana, la divina—,
novia enjoyada se adorna
doncella que fue cautiva.
Darro y Genil amebeos
en su doble escorrentía,
desatados eran lágrimas
de dolor y de alegría:
lloran por la Cristiandad,
lloran por la morería;
gozo por el nuevo encuentro,
pesar por la despedida.
  

«Si la culpa de los padres
en los hijos se castiga
por cuantas generaciones
perdura abierta la herida,
que germinen las iglesias
al lado de las mezquitas,
y a cada uno, la suya,
como norma de justicia.
Florezcan en las prisiones
las flores de la amnistía
y se marchiten las rejas
como arrancadas ortigas.
Los oficios y las artes
con sus labores prosigan
y muévanse libremente
personas y mercancías.
Será mi cetro cayado
de la paz y sus caricias,
y una segur, mi corona
para divulgar espigas».


¡Despierta, Isabel, despierta,
que un jinete se aproxima!
Guadaña de media luna
y espada de cruz latina.
Los cascos de su caballo,
tambores en tropelía,
mudan las conciencias tanto
que lo muerto resucitan.
Tragedia del gobernante
de una nación dividida:
con dos manadas de lobos
fundar sola una familia
Enarbolarán ideas
como bélicas insignias;
papeles como puñales
en pechos que relucían.
Y a ti, reina vencedora,
como aciaga profecía,
una espada de tristeza
te traspasará rendida.
 

Granada muere en lo alto
de montes de pesadilla
y los latidos del mar
ya por sus torres expiran.
¡Cómo invertirán feroces
las visiones de Isaías
el orgullo vencedor
y la venganza vencida!
Entre espejismos de historia
su rostro se difumina.
Isabel: tu dulce sueño
te ahorcarán en una encina.

 (Noviembre de 2019)

sábado, 9 de enero de 2021

Romance del gerundio de posterioridad

Don Gerundio, don Gerundio,
don Gerundio postrimero:
cantar he la relación
de tus gestas plauso siendo.

Tú que naciste pagando
el seguro de los muertos,
niño de vista cansada
viéndote vetusto ciego,
pensionista fuiste activo
jubilándote mozuelo;
obrero, cobrando el paro;
patrón, defraudando sueldos;
por el F. C. fichaste
marcando tantos sin cuento
siendo después periodista
redactor del mortadelo;
a las letras te arrimaste
—súbito cambio de tercio—
llegando a la presidencia
en un sillón de académico;
por mayoría absoluta
—victoria en el referéndum—
tú venciste resultando
miembro de pleno derecho.

¡Don Gerundio, don Gerundio!
Pájaro de mal agüero:
si mi treno disfrutaste,
páguemelo tu destierro.

(Calahonda, 9 de mayo de 2019)

viernes, 8 de enero de 2021

Otro soneto a un ciprés

Erección de la tierra entre el cemento
polen diseminando en primavera,
negación centenaria de la esfera
por fecundar sutil vientres de viento.

En tu verde semblante ceniciento,
de avecillas nocturna posadera,
memoria o de los cármenes espera
de breve camposanto o desaliento.

Monacal penitente, solitaria
de yemas multitud apetitosas
que perdona mi perro en su bravura:

líbrete Dios de la procesionaria
o nadie, del tormento de las rosas,
que ya está el hacha al filo de tu altura.

(Darro, 20 de marzo de 2020 )

jueves, 7 de enero de 2021

Sextina

Laberinto de calles de Granada,
mapa en el corazón, plano en la rosa,
por donde vagabundo el son, perdido
mas sin desfallecer, persigue un sueño:
mi cándida ilusión que busco y canto
por la carne enredada por tu gracia.

Enredado en el canon de tu gracia,
la piedra confundí con la granada;
tu corazón fue sílex, duro canto,
y el viento es un latir prendida rosa;
soplo mi dirección tuerce de sueño,
razón equinoccial, rumbo perdido.

Definitivamente ya perdido,
soy un solsticio de eclipsada gracia;
mi razón pende ahorcada de un mal sueño
sobre el abismo de tu voz granada.
Espina a espina acaricié la rosa
y beso a beso, el afilado canto.

Hipnagógico amante, grito y canto
mi fuerte defendiendo ya perdido,
muriendo el negro, alboreando el rosa,
de tus gracias migajas de tu gracia
suplicando, si no la más granada.
¡Febril predilección y osado sueño!

En la cárcel me ofreces de mi sueño
afán a chorros, de impaciencia un canto,
para saciar mi pena más granada;
ando a la luz de mi pasión perdido,
sediento de trocar por pura gracia
deshojado el destino de la rosa.

Ya mi deprecación, herida rosa,
eterna se aletarga en suave sueño;
mi voz congelará nevada gracia
en silencio invernal sin sol ni canto
cuando derrame vórtices perdido
inmensidad ¡yo! luna desgranada.

Llora Granada duplicada en rosa,
perdido el juicio, un malogrado sueño;
canto de luna y denegada gracia.

(Darro, 16-17 de abril de 2017)

miércoles, 6 de enero de 2021

Cementerio (soneto)

A Andrés Martínez Galán

La sombra y el ciprés marcan las horas
en las eternas tres del mediodía;
al fondo, cada lápida es un día,
calendario de estériles esporas.

 Cuerpo y alma escindidos, evaporas
tu recuerdo postrero al alma mía
oculto, como estás, en verde umbría,
que en piedra vives y que en polvo moras.

 Duerme el letargo de la voz callada,
lento invierno que sueña primaveras
con paciencia de trémulas semillas

hasta que al fin escuches la llamada
—almendro en flor que rompe las esferas—
que informará el temblor de las arcillas.

 
(7 de enero de 2018)